En este tiempo reciente, durante el cual pude sentarme y, con tranquilidad, contar mis días, miré atrás recordando instantes especiales, y he aquí vi que en todos ellos había una constante, un detalle que escapaba a mi control.

Vi planes que habían sido cambiados, tiempos que se acortaban, otros que se extendían en el inmenso mapa de los días y los meses. Había planes y proyectos cuyo éxito o fracaso no habían sido establecidos por mí. Vi personas que llegaban y otras que partían sin mi beneplácito. Gobiernos que llegaban o se marchaban. Catástrofes naturales, hambres que aumentaban, derechos que se conseguían frente a otros que se conculcaban. Vi hombres y mujeres que en vano se afanaban con sus propios esquemas. En medio de todo ello reconocí: Solo hay Uno que tiene el control. Para comprobarlo me dije: Vamos a planificar hacia el futuro; y después de un largo viaje prometí volver al año siguiente, con una seguridad pasmosa. Pocos días después, me encontré realizando ese viaje debido a cambios estratégicos de Ése que todo lo controla y cuyos planes y tiempos muchas veces no coinciden con los míos. Y me encontré aceptando objetivos que no estaban en mi programación particular.

Todo tiene su tiempo, aseveré. Y recordé que ni siquiera esa frase era mía porque ya estaba escrita en el libro de los libros: la Biblia. Abrí el pasaje donde el Eclesiastés (3: 1-11) dice:

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora: Tiempo de nacer y tiempo de morir, tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado, […] tiempo de llorar y tiempo de reír, tiempo de hacer duelo y tiempo de bailar, tiempo de esparcir piedras y tiempo de juntarlas, tiempo de abrazar y tiempo de abstenerse de abrazar, […] tiempo de amar y tiempo de aborrecer, tiempo de guerra, y tiempo de paz. ¿Qué provecho obtiene el que trabaja de aquello en que se afana? He visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él. Todo lo hizo hermoso en su tiempo, y ha puesto eternidad en el corazón del hombre, sin que este alcance a comprender la obra hecha por Dios desde el principio hasta el fin. Nada hay que añadir ni nada que quitar. Dios lo hace para que los hombres teman delante de él. Lo que antes fue, ya es, y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo pasado”.

Y hoy es el día en que tenía que recordar y reconocer que solo hay Uno, el Grande, el Todopoderoso, el Justo, el dueño de los tiempos y de las vidas; el que tiene potestad sobre todo lo que se mueve abajo y arriba. El que ordena que salga el sol y se ponga para dar lugar a la luna. El que tiene contados hasta mis cabellos y ninguno caerá sin que Él se dé cuenta. El único que tiene misericordia y amor hacia el hombre, esperándole con paciencia a que se rinda y atienda su llamado para recibir vida, pero una vida que es para siempre.

Escribe un comentario