Hace poco, en un encuentro, el testimonio de una mujer me impactó sobremanera.

Tiempo atrás, a causa del cáncer había perdido a su esposo, alguien muy importante para ella. Por si fuera poco, también tuvo que pasar, junto a su hijo, por las garras de esta misma enfermedad, aunque la pudo superar. Sin duda esta circunstancia había truncado todos sus planes y agregado a su vida un elemento que hasta ahora nunca había considerado: la soledad.

Como algunos personajes de la Biblia que conocemos, dirigió a Dios muchos porqués, sin embargo, a medida que iba desarrollando su relato, y aunque éste tenía cierto dejo de tristeza, también transmitía paz e incluso gozo. ¿Cómo podía ser esto?, nos preguntábamos todos. La respuesta estaba en las palabras de nuestro manual de instrucciones para el día a día: la Biblia. Ella nos decía: Hubiera yo desmayado si no creyese que veré la bondad de Dios en la tierra de los vivientes. Se acordó que Dios es bueno y que creer en Su bondad era soporte suficiente para sobrevivir en toda circunstancia. Y se mostró agradecida.

Si Dios es bueno, ¿cómo puedo comprobarlo? Ella encontró la respuesta en el salmo 107, que dice así: Dad gracias al Señor porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre. Que lo digan los redimidos del Señor, a quienes redimió… Vagaban por parajes desiertos, sin dar con el camino a una ciudad habitable… En su angustia clamaron al Señor, y él los libró de su aflicción. Miró hacia atrás y vio que Dios había sido muy bueno con ella a lo largo de su vida.

Muchos en tiempos de angustia se refugian en la adquisición de bienes, en el alcohol, o incluso intentan acabar con su vida… ¿Por qué? Porque no han probado y visto la bondad de Dios; no han experimentado esa nueva vida que él ofrece y que nos hace apartarnos del mal y nos lleva a hacer el bien. No estarás exento de tener que pasar por dificultades, pero podrás ver a través de las gafas de Su bondad los planes que tiene para ti y te será más fácil caminar. Y entender que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito (Ro. 8.28). Si tienes pesadas cargas, busca la bondad de Dios; él no hace distinciones, no le importa tu edad, tu color, tu pasado. Junto a Él podrás descansar.

Jacqueline Alencar

Jacqueline Alencar

Directora de la revista Sembradoras. Colabora con Protestante Digital y es voluntaria en Alianza Solidaria.