Imagina que vas al médico porque tienes sospechas de que has sido contagiado de ébola y te empieza a hablar de tu colesterol, de tus hongos del pie y tu propensión para resfriarte. ¿No te alteraría? ¿No le dirías que se deje de tonterías y te hable del problema serio?

Todos nosotros, lo creas o no, tenemos una enfermedad mortal, mucho peor que el ébola, llamada pecado. Si somos honestos, todos nosotros hemos hecho cosas que desagradan a Dios. La Biblia enseña que Dios es santo y no soporta el pecado. Por haber pecado todos morimos y todos merecemos estar alejados de la presencia de Dios. La paga del pecado es muerte, pero el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 6:23).

Dios nos hizo un regalo: tomó forma de bebé (por eso celebramos Navidad) y vivió aquí en esta tierra treinta y tres años. Anduvo haciendo bienes y él nunca pecó. En plena flor de la vida, se dejó matar por sus contemporáneos (por eso se celebra Semana Santa) y de esa forma pagó en la cruz el pecado de la humanidad, cambiando así el curso de la historia. Sabes que te estoy hablando de Jesús. Él es la solución al pecado. Si reconoces que has hecho cosas malas y te arrepientes; si entiendes que por tu pecado tu deberías haber muerto en aquella cruz pero él se puso en tu lugar; y si le pides perdón por tus pecados y le invitas a dirigir tu vida, tendrás un vida abundante en esta tierra y vida por la eternidad. Jesús le dijo a una mujer justo antes de resucitar a su hermano: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá (Juan 11:25). ¿Entiendes la trascendencia de estas palabras? La gente paga mucho dinero por asegurar un buen futuro o una buena jubilación. ¡Yo te estoy hablando de una seguridad eterna! Podría hablarte de muchas cosas menos importantes, pero no voy a hacerlo.

Si no has aceptado a Cristo estás en riesgo de muerte y debo decírtelo. El que no cree en Cristo sigue teniendo el problema del pecado que le conduce a la muerte y la separación eterna de la presencia de Dios. Es por eso que hoy no te hablé de moda, de deporte o de programas de televisión. Hoy quise hablarte de Dios, de tu problema, de la eternidad y de una solución: Cristo Yo hice mi parte, aún a riesgo de parecer raro. Sé sabio y reflexiona. “Buscad al Señor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cerca” Isaías 55:6

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