Esta pregunta está en la boca de aquellos que, enamorados, arrancan pétalos de las margaritas. Aunque su pregunta se refiere a otra persona diciendo "¿me quiere o no me quiere?". A lo mejor esto ya ha pasado de moda pero yo recuerdo desnudar una pobre margarita esperando que esta diera respuesta a mi pregunta.

Ahora ya estoy mayorcita para esos juegos pero sigo haciendo la misma pregunta, buscando el cariño y la aceptación de los que me rodean. Es difícil reconocer esto, pero no somos tan independientes como nos imaginamos. En muchas ocasiones, estamos basando nuestra identidad en relaciones con personas que nos fallarán y nos decepcionarán. Pero es lo previsible en el mundo en el que vivimos. La Biblia explica que una vez rota la relación con Dios, todas las relaciones se ven afectadas. Incluso la tuya contigo mismo, valga la redundancia.

En muchas ocasiones, estamos basando nuestra identidad en relaciones con personas que nos fallarán y nos decepcionarán.

Durante muchos años, pensaba que era una chica que se amaba y aceptaba tal y como era. Ignoraba que todo era una fachada. Tras unos meses de mucha introspección, descubrí que los miedos y las inseguridades me atormentaban en lo profundo de mi ser. Me di cuenta de que quería a la versión de mí misma que me imaginaba en mis sueños, pero no a la versión que tenía en el presente. Descubrí que no podía perdonar las malas decisiones que había tomado en el pasado. Además, echaba tanto de menos a las personas que me importaban y ya no estaban cerca, que no sabía si podría ser feliz sin ellas.

La base de mi felicidad ahora no está en lo que yo pueda hacer o conseguir.

Entonces llegó el susurro de Dios en la soledad de mi habitación: eres mi hija y estoy contento contigo. Creo que siempre tenía estas palabras en su boca pero yo no estaba atenta a su voz, o simplemente no entendía la relevancia y trascendencia de estas. Son las palabras de aceptación y amor que todos necesitamos oír. Están dedicadas a cada persona que reconoce que no puede amarse a sí misma ni amar a los demás, si antes no recibe el amor perfecto e incondicional de Dios. La base de mi felicidad ahora no está en lo que yo pueda hacer o conseguir. Descanso en lo que Jesús hizo por todos nosotros muriendo en la cruz y resucitando de entre los muertos. En aquel momento Dios no estaba susurrando, más bien estaba gritando bien alto para que todo el mundo se enterase de que necesitábamos un Salvador.

Da el paso hoy para descubrir esta verdad liberadora: eres amado o amada eternamente por Dios.

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