Estoy seguro de que alguna vez habrás escuchado la frase: «lo último que se pierde es la esperanza». Permíteme hacerte una pregunta directa: ¿tienes esperanza?

Antes de mudarme, cogía una línea de metro que paraba en un estación muy concurrida, mucha gente se bajaba allí porque conectaba con otra línea que recorría la zona centro de la ciudad. Entre las personas que en ese momento se subían al tren, había una mujer que llevaba una Biblia en la mano. Cuando las puertas se cerraron y el tren se puso en marcha, esta mujer comenzó a contar en voz alta cómo Dios había cambiado completamente su vida y cómo con su ayuda había superado su adicción al alcohol y a las drogas; seguidamente abrió su Biblia, y comenzó a leerla.

Era interesante ver la reacción del resto de personas que en ese momento estaban en el vagón mientras esta mujer compartía su historia y el mensaje de amor, justicia, perdón y esperanza que se encuentra en el Evangelio. Había personas realmente molestas mientras ella hablaba, pero eso no impidió que continuara contando las maravillas que Dios estaba haciendo en su vida.

El Evangelio nos confronta; nos pone a nosotros en nuestro lugar, y a Dios en el más alto lugar. El mensaje del Evangelio requiere acción, decisión y un compromiso. Sin embargo, muchas personas no están dispuestas a pasar a la acción, tomar la decisión y dejar su manera de vivir para seguir a Jesús. A muchas personas no les interesa un Dios que les diga cómo tienen que vivir sus vidas. ¿Me equivoco? El propio Jesús dijo: "La luz vino al mundo, pero el hombre prefirió la oscuridad antes que la luz”.

Esa mujer compartió valientemente su testimonio ante un vagón abarrotado de gente, bajo las miradas de desprecio y burla de muchas de las personas que allí estaban escuchándola, pero esas miradas no importaban, ella estaba compartiendo su esperanza: Jesús.

“Si nuestra esperanza es que Cristo nos ayude solamente en esta vida, no hay nadie más digno de lástima que nosotros. Sin embargo, ¡Cristo resucitó! Esto nos enseña que también resucitarán los que murieron. Por el pecado de Adán todos fuimos castigados con la muerte; pero, gracias a Cristo, ahora podemos volver a vivir. Cada uno resucitará a su debido tiempo: primero Cristo; después, cuando él vuelva, resucitarán los que creyeron en él.” (1 Corintios 15:19-23)

Jesús resucitó. Él venció a la muerte. Nuestra esperanza no acaba con su muerte y resurrección, nuestra esperanza va más allá. Cristo ha prometido volver y darte la eternidad.

“No es que el Señor se retrase en cumplir lo prometido, como algunos piensan; es que tiene paciencia con ustedes y no quiere que nadie muera, sino que todos se arrepientan.” (2 Pedro 3:9)

¿Te imaginas un mundo sin enfermedad, sin dolor, sin cansancio, sin atentados, sin abusos, sin violaciones, sin guerras y sin corrupción? Como seguidores de Jesús, nuestra esperanza es que un día volverá a por los que depositaron su confianza en Él, y pondrá en orden todo el caos de este mundo.

Quizá ahora mismo estés viviendo una vida sin esperanza, sin embrago, Jesús no sólo te ofrece una esperanza de futuro, sino que también te ofrece amor, perdón y sanidad. Él es el único que puede cambiar tu vida, restaurar relaciones rotas, y sobretodo, darte el regalo de la vida eterna. Si todavía no lo has hecho, hoy es un buen día para un nuevo comienzo. Hoy es un buen día para depositar tu esperanza en Cristo.

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