Durante el mes de Febrero del año 2002, la famosa cantante Celine Dion, causó asombro en el mundo periodístico al declarar que le debía la vida a un pastor evangélico de su ciudad natal en Canadá, porque él animó a su madre a no recurrir a un aborto.

La madre de Celine estuvo a punto de caer en la más absoluta desesperación al comprobar que estaba embarazada de nuevo para esperar a su hijo número catorce, así que decidió practicar un aborto. El pastor le explicó que no tenía ningún derecho a terminar con una vida que no le pertenecía: “Le dijo a mi madre que ella no podía ir en contra de la naturaleza, así que la verdad es que le debo la vida a aquel siervo de Dios” confesó la famosa intérprete del tema de la película “Titanic”.

Creo que jamás vamos a comprender la trascendencia de las personas “normales y corrientes”. Vivimos en un mundo que adora a los famosos, a los que gobiernan los medios de comunicación, a aquellos que son conocidos por sus hechos, aunque éstos muchas veces no merezcan la pena en absoluto. Los “modelos” que tantas veces son presentados en los medios de comunicación, lo son por su apariencia, pero casi nunca por su ayuda desinteresada a los demás, por su solidaridad o por su ejemplo como ciudadanos. Dios ve las cosas de otra manera. En realidad, déjame decirte que las cosas son de otra manera. Los que realmente mueven el mundo son los que ayudan, los que abrazan, los que sanan, los que trabajan por la justicia, los que dan un buen consejo, los que se preocupan por los demás, los que admiten sus debilidades y no son arrogantes... Los que hacen que todavía podamos vivir en este mundo son las personas normales y corrientes.

Dios se ha especializado en usar a personas fracasadas, a los que han caído, a los que piensan que su vida no tiene valor. Dios ama a los desconocidos, a los débiles, a los que no son capaces muchas veces de mirar hacia arriba. Dios se preocupa por los que tienen sus alas rotas y les enseña a volar.

Nuestro Creador “pasa” de los autosuficientes, y de los que se creen que el mundo les debe algo. Dios no utiliza a los que van por la vida creyéndose lo mejor y siempre con su cabeza levantada. Nuestro Padre en los cielos mira de lado a los arrogantes, porque ellos no entienden nada del amor ni de lo que significa sufrir por otros. Dios habla y aún a veces tiene que gritar a los humildes, a los que se creen poco, a los que piensan que su vida ya no tiene sentido, porque ellos son la luz del mundo. Los desconocidos son los que ayudan, los débiles son los que nos dan fuerzas; los que sufren son los que nos enseñan a disfrutar de la vida. No es de extrañar que muchos de nosotros ni siquiera estaríamos vivos si no fuera por gente así. No te asombres cuando cualquier “famoso” haga un verdadero esfuerzo de humildad y sinceridad para decir que no hubiera llegado hasta dónde está si no fuera por la ayuda de mucha gente desconocida. Los que viven su vida sencilla y feliz cada día, ellos son los que mueven el mundo.