Recuerdo varias series que marcaron mi infancia: Willy Fog, los Gnomos, MacGyver o El Coche Fantástico estaban entre mis favoritas. Sin embargo, la más emocionante era El Equipo A.

Con una estructura previsible pero unos personajes que te hacían empatizar con su lucha por la justicia y las causas perdidas, siempre huyendo de la policía militar que los acosaba por un delito que no habían cometido.

Lo más fascinante de la serie eran los golpes de efecto producidos por los brillantes planes del coronel Hannibal Smith, líder del equipo. Su camaleónica habilidad para disfrazarse y permanecer a la vista sin ser descubierto me tenía enganchado a la pantalla.

Históricamente, la huida se ha producido siempre en la dirección contraria del que te persigue. Uno corre lo más lejos que puede. Smith, sin embargo, solía esconderse donde nadie esperaba, tan cerca y tan evidente, que conseguía pasar desapercibido. Es lo que yo llamo la "huida silenciosa". Permanecer en la zona de riesgo simulando ser parte del escenario del perseguidor. Este principio de camuflaje militar se ha convertido en el Trending Topic de las huidas para todas las áreas de la vida. Las personas ya no escapamos por el camino contrario. Hemos aprendido a permanecer junto al peligro, disimulando, comportándonos como si lo manejáramos. Nos valemos de pretendidas técnicas de control de la ansiedad cuando nuestra vida clama desesperadamente en el interior. Lo importante es que nadie se dé cuenta fuera. Y lo que no se ve, no existe... Así tratamos de calmar nuestra desazón.

Salir corriendo en la dirección contraria sería muy llamativo, por lo que entretenemos la vida huyendo en silencio hacia delante. Aun cuando nuestro corazón insiste en que la vida es más que lo que está frente a los ojos. A pesar de que nos hemos preguntado ya tantas veces si hay un Dios ahí arriba y si le importará nuestro destino o nuestra vida cotidiana. Aun cuando intuimos que Jesús es real y que está a nuestro lado, observándonos. Nuestro disfraz de felicidad, de normalidad o de indiferencia no le impiden vernos, y no piensa rendirse, pase lo que pase. Seguirá esperando paciente que nos desprendamos del disfraz, le miremos a los ojos y dejemos de huir de su amor.