Hace un tiempo, un jugador de la liga española de fútbol , Gerard Piqué, dijo las siguientes palabras: Gracias Kevin Roldán, contigo empezó todo.

Esas palabras dichas en medio de la celebración de un título de su equipo, el FC Barcelona, a pesar de parecer de agradecimiento, suscitaron una gran polémica en los medios deportivos en España. ¿Por qué? Porque hacían referencia a un cantante que contrató el crack del eterno rival, Cristiano Ronaldo, en una fiesta privada. Según dedujo Gerard, ese fue el principio del fracaso futbolístico del Real Madrid en esa temporada. Como seguidor del Real Madrid esas palabras no me sentaron bien, pero tampoco me quitaron el sueño; dicho sea de paso. No sé si el jugador del FC Barcelona tenía razón en señalar esa fiesta como el inicio del fracaso del Real Madrid, pero sus palabras me hicieron pensar en algo más importante que el fútbol: mi propia vida.

No puedo engañar a nadie. Hay éxitos en mi vida, pero también muchos fracasos. Y no hablo solamente de algo que no sale como esperaba. Hablo también de cosas que salen de mí y no me gustan: mal genio, palabras inapropiadas, malos pensamientos… ¿De dónde sale eso? ¿Cuál es su origen? Qué bueno poder identificar la raíz de un problema o una avería para poder alcanzar la solución. Leyendo la Biblia logro comprender la causa principal, la causa inicial, de lo malo que hay dentro de mí. Se llama pecado. Hay algo dentro de mí que me lleva a hacer cosas que no están bien. La carta de Pablo a los Romanos nos dice que “el pecado entró en el mundo por un hombre: Adán”. Podríamos decir irónicamente: Gracias, Adán, contigo empezó todo.

Pero si seguimos leyendo la carta del apóstol Pablo a los Romanos, en la Biblia, también dice que,” igual que el pecado y la muerte vinieron por Adán, con Cristo empezó a reinar la vida y la justicia para vida.” Jesús vino para revertir los efectos del pecado. Él fue el único que pudo vivir una vida perfecta, sin ningún pecado. Se dedicó a hacer bienes, murió en la cruz en el lugar de aquellos que quieran aceptarle y resucitó para demostrar que Su vida vencía a la muerte.

Si crees esto de corazón y reconoces que eres pecador y no te puedes deshacer por ti mismo de tus fracasos, tus errores y tu pecado, entonces solo te queda decirle: Señor, perdóname, sálvame y crea en mi una nueva vida que se incline hacia lo bueno y vaya hacia la victoria y no hacia el fracaso. Si lo haces, como lo hice yo hace dos décadas, celebrarás la nueva vida que Cristo te ofrece y podrás decir con un corazón agradecido: Gracias, Jesús, contigo empezó todo.