Fui a ver la película “La Red Social” con Ana, mi esposa, en un cine de Granada. Tengo que confesar lo mucho que me sorprendió que al final... (es broma; no voy a reventarte la película si aún no la has visto).

La película cuenta la curiosa historia de la creación del mayor y más popular sitio web de redes sociales en la actualidad: Facebook. Aunque se dio a conocer apenas en 2004, Facebook ya supera los 1590 millones de usuarios activos. Si fuera un país, sería el país más poblado del planeta. A diario, cerca de 1040 millones de sus usuarios están activos. El psiquiatra estadounidense William Glasser sostiene, en su “Teoría de la elección”, que relacionarse con otras personas es una de las cinco necesidades básicas de todos los seres humanos. A pesar de que esta teoría no cuenta con una aprobación unánime, la afirmación de Glasser parece describir una experiencia humana universal. Sin duda, el éxito desmesurado de Facebook y de otras redes sociales se basa en nuestro profundo anhelo por conectar con los demás, ¿no te parece?

Es extraordinario pensar que Dios también desea conectar con las personas. Aunque nuestro deseo por establecer relaciones se debe a una necesidad, las relaciones que Dios desea son resultado de su propia plenitud: Dios está completo en la perfecta relación trina entre Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

La Biblia nos muestra que la principal demostración del deseo de Dios por conectarse con nosotros es la muerte en la cruz y la resurrección de su hijo, Jesús. En ella leemos que “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna”. De esta manera Dios nos vincula con Él, nos vincula los unos con los otros, nos vincula con nosotros mismos y nos vincula con la creación que nos rodea.

Simone Weil nació en París en el inicio del siglo pasado. Es reconocida como una de las pensadoras políticas más relevantes de su época. Luchó en la Guerra Civil Española y también en la Resistencia Francesa. Cuando era una joven estudiante en la Sorbona, rechazaba la idea de un Dios personal. Sin embargo, su perspectiva cambió como consecuencia de algunos hechos que ocurrieron durante su vida adulta. Al describir una de esas experiencias afirmaba lo siguiente: “Sentí, sin estar de ningún modo preparada, [...] una presencia más personal, más cierta, más real que la de un ser humano”. A lo que añadió: “Cristo en persona descendió y me tomó.”

En términos de Facebook, Dios agregó a Simone Weil como amiga. Esta misma invitación nos la ha enviado a todos. No existe otra más urgente, importante, especial y transformadora. Así pues, la pregunta es la siguiente: ¿aceptaremos su invitación?